martes, 22 de octubre de 2013

EL PADRE Y EL HIJO

Una historia escrita por MALT, después de ver un video sobre un padre y su hijo. Narra, Tiny Gragera. Emitido en el Asfalto de Radio Unión Catalunya.
MALT








El domingo amaneció soleado, un día primaveral, cálido, como despedida a otro frío invierno que pasa a formar parte del pasado.
Sergio se levantó temprano, el canto de las aves que se colaba por su ventana le despertó cuando el sol salía.
Después de asearse y desayunar, se acordó de su padre pues hacía ya bastantes días que no le veía. Entonces decidió hacerle una visita.

El padre de Sergio, se encuentra interno en una residencia geriátrica, hace ya tiempo que padece alzheimer, ya perdió mucha memoria. Por una parte, le ayuda a de vez encuando, no sufrir por el fallecimiento temprano de su querida esposa. Pero su memoria aún no ha conseguido borrar de su mente a su hijo Sergio.

Sergio llega a la residencia y sube a la habitación de su padre y le encuentra sentado en la mesa, escribiendo en su diario. El padre de Sergio tiene una libreta que usa de diario y ahí él va escribiendo las cosas que hace al día y las cosas que aún recuerda de su larga vida ya vivida.
Decidió escribir cuando le diagnosticaron ese principio de Alzheimer para que así el olvido no se llevara sus recuerdos.

El reconoció a Sergio nada mas verle, cerró su diario y se levantó para darle un fuerte abrazo, pues hacía ya días que no se veían.
Sergio trabaja 6 días a la semana y no siempre emcuentra ese tiempo libre para poder visitar a su padre, hoy fue uno de esos escasos días que el trabajo y el tiempo se lo permiten.

Después de un rato conversando. Decidieron salir al jardín de la residencia, a disfrutar de la paz y la belleza de ese día primaveral que hacía.

Sentandos en un banco del jardín, Sergio saca su libro de bolsillo y se pone a leer un rato. Su padre, con la mirada perdida entre la luz y los sonidos del lugar, mira en silencioso a su alrededor,

De pronto, un sonido y un movimiento entre los matorrales, le llamó la atención y al no saber que era, su curiosidad le hizo preguntar a su hijo:
- ¿Eso qué es?
El muchacho, miro a las plantas y volviendo la mirada al libro le contestó a su padre:
- ¡Oh, nada, es un gorrión!
El padre se quedó mirando al matorral y al volver a oir el movimiento entre las ramas volvió a preguntar:
- ¿Eso qué es?
Sergio, sorprendido por la pregunta, le mira y le dice:
- ¡Te he dicho que es un gorrión?
El padre en silencio seguía mirando al matorral y el gorrión salió volando desde el matorral y se posó en las ramas del árbol que tenían detrás. Entonces el padre al oir el ruido en las ramas, vuelve a preguntar:
- ¿Qué es eso?
El hijo ya molesto por tanta pregunta. Algo irritado le dice:
- ¡ Qué te he dicho que es un pájaro, un gorrión…! Y volvió a pegar los ojos al libro que estaba leyendo.
El padre en silencio seguía escuchando los ruidos del pájaro en las ramas. Hasta que el pájaro echó a volar desde el árbol hasta la hierba.
El padre al oirle quiso seguirle con su mirada, pero no conseguía verle y nuevamente vuelve a preguntar al hijo:
- ¿Y qué es eso?
El hijo ya cansado, por tanta pregunta de su padre, cerró el libro y ya muy molesto por tanta pregunta le grita:
¡ Qué te he dicho que és un gorrión, vale ya, como sigas así volvemos a tu habitación!

Y abriendo el libro se puso nuevamente a leer.
El padre se quedó en silencio, luego sin decir nada se levantó y le diciéndole al hijo, “ahora vuelvo” se encaminó a la residencia.
El muchacho sin apartar los ojos del libro exclama: “bien…” y siguió leyendo.

El padre fue a su habitación, cogió su diario y volvió al patio.
Se volvió a sentar junto a su hijo, abríó su dirario por unas de las primeras páginas, le quitó al hijo su libro de las manos y le puso el diario en su lugar y señalando con un dedo le dice, “lee aquí”

Sergio después de mirar a su padre sorprendido, empezó a leer por donde su padre le indicaba:

“ Hoy estaba sentando en el parque con mi hijo Sergio depronto un gorrió se posó en frente de nosotros. Sergio me pregunto 22 veces “¿eso qué es?” yo 22 veces le dije que era…, un gorrión, y cada vez que me lo preguntaba yo le dába un abrazo y un beso, sin enfadarme por su insaciable inocencia…”

Sergio, dejó de leer, cerró el diario, miró a su padre, que con su mirada perdida, silencioso miraba al infinito, y le abrazó, y le besó, pero ahora de una forma como nunca antes lo había hecho.

Si cuando nos hacemos mayores, no se nos olvidaran los momentos de amor y paciencia que nos dedicaron un día, tal vez el amor también pudiera ser una virtud hereditaria y sin duda el mundo sería mas humano y mejor.

Autor: desconocido.
Transcripción inventada por MALT.